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Como reza la inscripción que podemos ver en una de sus vigas, en el año de 1857 se funda la entonces Hacienda de las Palomas. Rodeados de tierras fértiles se levantan sus antiguos muros de sillar de agua, en los que se dibuja el arco y nacen recovecos, ellos reciben hoy al visitante con amable recato. Sus amplios salones de invierno y festivos patios veraniegos se adornan con especial encanto y la artesanía y colores de nuestro México.
Considerado hoy monumento histórico, este singular espacio le ofrece el sabor y la sabia tradición de los mas variados platillos regionales y mientras come quizás escuche las campanas de la vecina Iglesia de Santiago Apóstol, testigo del tiempo y la fé, que construida en 1745, frente a la plaza principal donde se erige también el edificio del Palacio Principal, preside el paisaje con su barroco tardío y el armonioso neoclásico de la torre mayor. Así en este ambiente, a la sombra de un bello pasado que revive ante sus ojos la cocina de las Palomas lo invita a deleitarse con los placeres de la buena mesa.
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